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La uva Chardonnay, la francesa que conquistó nuestros campos

La uva Chardonnay es una variedad de lo más interesante. Es originaria de la zona de la Borgoña, concretamente de un pueblo que tiene su mismo nombre: Chardonnay. Es una variedad de uva que Francia ha conseguido exportar a numerosos países. Actualmente, se cultiva en España, Italia, Estados Unidos, Portugal, Australia, Nueva Zelanda, algunos países de América del Sur y África del Sur.

racimos de uva chardonnay

En España son muchas las denominaciones de origen donde se cultiva Chardonnay. Comenzó haciéndose en Cataluña y Navarra, donde las condiciones climáticas sacan muy buen partido a las cepas, consiguiendo buenos resultados en sus vinos. Sobre todo es en la región de Penedés donde más impacto ha tenido.

Realmente se ha extendido por toda la península y actualmente se cultiva en muchas otras, como en Castilla La Mancha, cuyo cultivo ocupa unas 2300 hectáreas (aunque esto solo supone un 1,2% del territorio total de la región.

Características principales de la planta y el fruto

Las cepas de Chardonnay son muy características, ya que son plantas vigorosas, que se adaptan a suelos muy diversos, fértiles y muy productivas. Se sabe que es una planta de bajo rendimiento pero de muy buena calidad. Tienen una brotación precoz, siendo cepas muy “agradecidas”.

La cepa es frágil y sensible a los fríos primaverales y a los inviernos, hay que tener mucho cuidado con las heladas, ya que en ocasiones pueden no resistir. Eso sí, soporta los vientos mucho mejor, ya que es una planta fuerte.

Los racimos suelen ser pequeños y bastante compactos. Se pueden reconocer a simple vista. La uva es de color amarillento, casi verdosa cuando está madura y es difícil de desprender del racimo. Por eso las vendimias manuales de Chardonnay son especialmente mimosas. Cuenta con un hollejo grueso y no tiene pigmentación en su pulpa, que es blanda y muy jugosa. Su aroma afrutado, hace que podamos reconocerla fácilmente si tenemos la nariz entrenada.

Potencial enológico de la uva Chardonnay

Al ser un fruto pequeño tiene un gran potencial cualitativo, que nos va a permitir elaborar desde vinos chardonnay efervescentes, blancos secos o vinos licorosos. Si se vendimia pronto, es ideal para elaborar champagnes, ya que aporta mucha acidez y poco cuerpo. Los monovarietales de Chardonnay, como puede ser Mernat blanco joven son potentes, afrutados y con alta acidez.

Por sus características es una uva que cumple con los requisitos de la crianza en roble, pudiendo hacer vinos muy interesantes de crianza incluso de reserva. La madera de roble la aromatiza y le da un cuerpo increíble, como es el caso del Bucamel blanco.

Nota de cata de la uva Chardonnay

Si la uva está bien madura, su aroma recuerda a la bollería, al pan, la mantequilla o los frutos secos. Si la uva se recoge temprano, dará como resultado un vino más ácido y con aroma a piña.

A la vista puede presentar colores diversos, si se trata de un vino joven veremos un líquido pálido y amarillo con reflejos verdosos. Será más dorado si ha tenido crianza. Los aromas más característicos son los de manzana verde, pera, piña, especias o caramelo. Si el vino cuenta con crianza, entonces recordarán más a la miel, la vainilla o la bollería.

En boca suelen dar vinos largos, con una acidez poco agresiva. Recuerda al paladar toques minerales y quizá un poco dulce.

Maridaje de los vinos Chardonnay

Dependiendo de si el vino es un vino joven o un vino con crianza, vamos a poder maridarlos sobre todo con pescados, ahumados o a la plancha, platos vegetarianos y pastas. Cuando el vino tiene crianza, suele dar mucho cuerpo y podemos variar los maridajes, arriesgando con sabores más avinagrados o potentes como unos boquerones en vinagre, quesos curados, incluso carnes.

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